Dibujando Imposibles

PEDRO MARCO DIBUJANDO IMPOSIBLES

Pedro Marco es uno de esos seres precoces y apasionados en el desarrollo de su vocación artística. La llamada del arte existe en él, prácticamente, desde que tiene uso de razón. Ya desde su tierna juventud, se aficionará y afianzará en la expresión gráfica a través de un dibujo preciso e intuitivo y, lo hará, invariablemente, demostrando una gran imaginación.

De formación autodidacta, nuestro inquieto artista se acercará a la observación de los grandes maestros de la historia de la pintura y extraerá de ellos valiosas enseñanzas, que le acompañarán a través del tiempo en su viaje artístico y mental. El Bosco y Brueguel, serán inicialmente, dos de sus pintores favoritos que le interesarán de manera fundamental por su onírica aportación y gran poder visionario. Precisamente, este carácter fantástico y, un tanto surreal, será el que predominará a lo largo del tiempo en su trabajo creativo.

Junto al dominio expresivo de la forma elegantemente dibujada, se unirá en este artista su enorme capacidad para fabular complejas composiciones simbólicas, líricamente coloreadas.

Su interés por adentrarse en mundos prodigiosos y míticos, lo demostrará ya siendo muy joven con obras como El Infierno de Dante (1966). Trabajo de gran formato que abre esta exposición, en el que destacan unos expresivos seres desnudos que pugnan desesperadamente en su fatal destino. Al que seguirán otros trabajos de mayor perfección formal y enjundia conceptual, desarrollados con posterioridad.

La presente muestra expone el amplio y ambicioso recorrido del artista por cuatro décadas, en donde se demuestra su persuasiva coherencia por elaborar un mundo temático y expresivo propio. Un territorio intuido y, al mismo tiempo también desconocido, en el que nuestro autor, permanentemente, se aventurará a redescubrir sus hondos ecos y alegorías, a través de una constante y apasionada pulsión imaginativa.

Fue en 1975, cuando vi por vez primera una de sus obras titulada: Anuncio sin recibo, con motivo de la celebración de tal Convocatoria de Artes Plásticas en la Diputación de Alicante. Obra que, a modo de "espantapájaros", representaba un extraño personaje barrocamente ataviado con telas blancas, que desfilaba portando en sus manos un estandarte pletórico de colgajos, trapos y cascabeles. Más tarde, supe que se trataba del diseño de un traje o atuendo "Tuareg" para desfilar en las Fiestas de Moros y Cristianos de su pueblo de Villena. Fiestas populares a las que nuestro artista, desde siempre, se sentirá estrechamente vinculado y por las que realizará numerosos dibujos y esfuerzos solidarios.

Precisamente, serán los espantapájaros uno de los motivos temáticos, a los que el artista recurrirá con frecuencia en su trabajo a lo largo de su carrera. En ellos, nuestro creador buscará alusiones al arte povera, al art trouvé o al surrealismo de herencia daliniana.

Junto al gran interés del artista por analizar la historia del arte, estudiar sus principales protagonistas y realizar visitas a los museos. Pedro Marco será un apasionado de los viajes, residiendo temporadas o visitando: Venezuela. Colombia, Brasil, Francia, Alemania, Italia o diferentes países árabes. De estos viajes, nuestro pintor extraerá experiencias culturales y vivencias interiores, que le servirán para poder plasmar en su trabajo creativo, aportando al mismo una amplia gama de sugerencias, dotadas de rica densidad formal y simbólica.

Otra de las obras pioneras del artista que me vienen a la mente, fue la que presentó a la 2ª Convocatoria de Artes Plásticas de la Diputación de Alicante celebrada en 1977, titulada: Visitando museo. Díptico realizado con tinta china y acrílico que representa a una joven espectadora de espaldas, absorta delante de un cuadro profuso en formas gestantes y barrocas, del que fluyen dinámicas energías oblicuas en la composición. Obra que, bien podría asociarse a la mirada ensimismada del creador sobre la propia obra de arte, en la que se evidencia el reconfortante interés de Pedro Marco por visitar los museos y constatar las sugestivas enseñanzas que el artista extrae de los tesoros que albergan.

A finales de 1979, recuerdo que llevó a cabo con gran éxito su primera exposición individual en Alicante en la Galería Amics; muestra en la que Pedro Marco ya evidenciará plenamente su personal código expresivo de carácter onírico a partir de motivos corrientes y familiares, siendo su entrañable paisano, el universal arqueólogo José Mª Soler, el que le escribirá el texto de presentación, llegando a afirmar: "Son cuadros que no terminan de verse nunca, porque las pequeñas alusiones, los finos grafismos, los increíbles arabescos, burbujean por los rincones más inesperados... y en un intento de profundizar lo más posible en ese mundo onírico en el que normalmente se mueve, nos desvela lo que nunca hubiéramos sido capaces de descubrir por nosotros mismos, como es el hecho, ahora perfectamente claro para todos, de que en las rocas no sólo se fosilizan braquiópodos o lamelibranquios, sino también los más humildes objetos de uso cotidiano".

Acertadas aseveraciones, que aluden a un artista que construye su poética dibujística y pictórica a partir de los seres y los objetos del mundo que le rodea, pero penetrando en ellos y trascendiéndolos oníricamente: "el paisaje, la luz , el volumen, el orgasmo, el calor, el aire, el equilibrio, el sonido, tos fósiles, los espantapájaros, los pájaros, los gallos, los pavos, su gato, su particular Dama de Elche (sexualizada), Nike, Leonardo Da Vinci, Velázquez, el poeta Miguel Hernández o sus amigos", serán los temas a los que el artista aludirá en esta muestra y recurrirá con frecuencia posteriormente en su obra.

Las largas conversaciones que mantendrá sobre el arte y la estrecha relación de amistad de Pedro Marco con José W Soler, hará que éste le anime en 1981 a llevar a cabo estudios de grabado en la Fachhonchscule de Hamburgo. Por su parte, el artista, a modo de homenaje, retratará al arqueólogo en diversas ocasiones a lo largo de su trayectoria.

Durante los numerosos viajes personales que tuve que realizar por carretera a Villena en el curso 1981-82, para impartir clases de dibujo en el Instituto Hermanos Amorós de esa localidad, recuerdo el gran mural que nuestro artista realizó a Pablo Picasso en la pared de una gran nave cercana a la autovía, a la entrada del pueblo; en el cual, como anécdota, destacaban los penetrantes ojos del malagueño universal, realizados con espejos, cuyos destellos eran reflejados desde cierta posición por la luz solar. Picasso, el gran creador vitalista contemporáneo, al que nuestro virtuoso dibujante homenajeará y por el que también sentirá una especial admiración.

Junto con el interés del artista por cultivar la amistad y aproximarse a los mitos del arte, Pedro Marco se nutrirá siempre en su trabajo creativo de la realidad externa, pero lo hará como pretexto para desarrollar su desbordante fantasía interior. Nuestro artista jugará, obsesivamente, con los recursos expresivos para aludir a diversos temas y al inquietante vacío, intentando acercarse al abismo profundo del blanco y de la nada, para extraer de él metáforas plásticas y dibujos imposibles.

Su permanente vocación y empeño artístico le llevará a moverse y mostrar su trabajo en espacios de París, Florencia o Londres, pero nuestro amigo Pedro donde de verdad se sentirá seguro y a donde, como Ulises siempre regresará, será al paisaje que le vio nacer, a su querida y ancestral Villena del alma. Territorio desde el cual, nuestro artista sigue perseverando e ilusionado en su afán creador.

Dionisio Gázquez Méndez